Hola, soy Gloria, conocida en preescolar como mamá de Daniel Durán; el viernes 28 de octubre, los papás de Mauricio Sepúlveda (Liz e Iván) me invitaron a experimentar, el ser alguien diferente. Ese día fui solo Gloria, una amiga más del salón de 3°A.

Mi mañana empezó muy emocionada al llegar al salón como todos los amigos, tomar mi cojín y sentarme en la línea, mis compañeros sabían que era la mamá de Daniel pero todos estuvieron de acuerdo en que ese día sería una amiga más del salón. A eso de las 8:30 a.m., me explica Yoli que los papis de Mauri -Liz e Iván- nos invitaban a experimentar una actividad nueva esa mañana, estaba emocionada e intrigada junto con mis amigos del salón ¿Qué será? ¿Qué voy a hacer? ¡Ya me quiero ir!

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Después de varias indicaciones y explicaciones da comienzo mi gran aventura de esa mañana. Me siento en una mesa con 5 amigos más y me piden ponerme un extraño antifaz que tiene un solo orificio del lado derecho, pero tiene un plástico como arrugado encima; el lado izquierdo no tiene orificio. No estaba segura de qué esperar, me lo pongo no muy convencida por cierto y pues lo que me temía, no veo nada bien, de un lado me tapan el ojo y del otro veo muy borroso, no veo las caras de mis amigos, no calculo a qué distancia está la mesa, no puedo enfocar y la verdad me desespero un poco. En eso ponen un recipiente en la mesa frente a mí, con algo adentro y no veo bien qué es, se ve más bien como unas manchas cafés, batallo para tomarlo de la mesa, no puedo calcular bien la distancia. Me piden que toque lo que hay adentro, es chiquito, liso, tiene forma como con muchas curvitas, es duro, lo acerco mucho al orificio del antifaz y alcanzo a ver que es café, estoy ansiosa por adivinar qué es , pero veo borroso, me quiero quitar el antifaz pero me dicen que no lo mueva. Me piden olerlo, huele bien, como dulce ¿será que es comida? ¿Será que se puede probar? me invaden las dudas, me piden que lo pruebe, pero… ¿qué es? ¿Y si no me gusta? ¿Y si sabe feo? Sigo las instrucciones y qué alivio al descubrir que ¡Es una galleta! Las galletas sí me gustan. Así me dan a probar algunas cosas más, por suerte todo me gustó pero ya me estaba cansado de ver mal y borroso, yo ya quería ver como siempre ¡ Por fin me piden que me quite el antifaz ! Nos sentamos en círculo y nos platica Liz, la mami de Mauri, que así ve él siempre. Pienso … órale, pero si casi no se ve ¿Cómo puede saber qué ve?¿Qué toca?¿Quién está cerca? La maestra Mely me pregunta que como me sentí. Pues … ¿Cómo cree que me sentí si apenas podía ver? Desesperada, agobiada, ansiosa, temerosa entre otras cosas. Los amigos del salón dicen que incómodos, otros platican que fue divertido, otros más dicen que no les gustó, pero eso sí, todos nos dimos cuenta que así ve Mauri…y siempre ¡Se imaginan! con un ojo no ve nada y con otro poquito ¡Ya entendimos porqué toca todo! ¡Ya entendimos porqué se acerca mucho las cosas! ¡Ah y por eso tiene que escuchar mi voz, para saber quién soy! Muchos amigos comentan que tienen papás o amigos que usan lentes, pero que no se habían dado cuenta que Mauri ve tan poquito aún con los lentes. Nos pregunta la maestra Bety ¿cómo podemos ayudar a Mauri? Todos los amigos tienen muchas ideas, Roberto dice que podemos juntar dinero y llevarlo al doctor, Renata sugiere que podemos decirle cuando hablamos con él quién somos para que no se confunda, Santiago comenta que podemos limpiar sus lentes muy bien, no recuerdo si Eleazar o Cian dicen que no corramos a su lado para no tumbarlo, Renata nos invita a tomarlo de la mano al caminar, hay muchas ideas en el grupo y yo pienso, todos los jueves llevo a Mauri a la huerta y no le digo quién soy; ya conoce mi voz pues cuento cuentos en el salón pero Renata me hizo ver que yo también puedo mejorar ¡Ahora ya sé qué más puedo hacer por mi amigo Mauri! También recuerdo que todos los amigos que vamos a huerta vamos despacio al subir las escaleras y me doy cuenta que es porque están respetando el espacio de Mauri. Reflexiono en qué padre es poder salir con los amigos de huerta y aprender de ellos y con ellos.

Los papás de Mauri nos cuentan la historia de cómo llegó Mauri a iluminar sus vidas y darles luz, aunque él vea poco. Nos platican como al igual que yo, le gusta divertirse, le hace travesuras a su hermana; nos muestran una foto que nos da mucha risa pues Mauri la jala del chongo, más de un amigo recordó lo que hace ¿ Verdad? Nos platican de los doctores y cirugías que le han hecho, nos cuentan que es un gran guerrero, así le dice su Tita y ¡Vaya que lo es! También nos dicen que lo que tiene Mauri se llama debilidad visual, ahora ya sé el nombre correcto de su condición.

En ese momento pienso, ¡Qué bien que ya terminamos! Y nada… que me piden ponerme el antifaz y caminar de la sala polivalente al salón de 3°A ¿Es en serio? ¡Pero si no se ve! ¡Que están pensando! ¡Somos muchos! además está muy lejos , ¿No se dan cuenta que es el último salón del pasillo? ¡No puede ser! Me pongo el antifaz, no muy contenta y me formo en la fila, salgo de la polivalente y pues claro que veo borroso, no calculo al levantar el pie donde está el piso, me siento insegura, no puedo medir si el amigo de enfrente está cerca o está lejos. Conozco el pasillo pues lo he caminado muchas veces y sé que hay cosas con las que me puedo topar, voy lenta y titubeo al caminar, no quiero caerme sobre el amigo de enfrente y ¿Si me pega el amigo de atrás? Estiro mis manos pues recuerdo que hay por ahí un extintor rojo y veo la mancha color roja pero no sé si está cerca o está lejos, si me pego con él me va a doler. El recorrido me parece eterno, es como saber a dónde voy y no saber en dónde estoy ¡Por fin llego al salón! Nos topamos unos con otros, nos empujamos sin querer pues casi no vemos, ¡la luz del salón está apagada y no veo nada! En eso a alguien por fin se le ocurre prender la luz ¡Menos mal! Ahora por lo menos puedo ver manchas azules grandes y sé, porque he estado antes en el salón que son mesas así que camino cautelosa para sacarles la vuelta, me piden tomar un cojín y sentarme en la línea ¿Cómo? ¿Qué no ven que apenas y puedo ver? Estoy agobiada y angustiada ¿Dónde está la canasta? solo veo manchas azules ¿Cómo sé qué mancha azul son los cojines? Tengo que tocarlos todos para poder tomar uno, en eso la maestra dice que me quite el antifaz, la verdad me sentí aliviada de poder ver bien de nuevo, pero en eso reacciono ¿Y Mauri? Él no se puede quitar el antifaz. Cuando me dieron galletas y cosas a probar me pareció muy divertido, pero¿Caminar? Eso fue difícil, lento, angustiante y no muy divertido, me podía lastimar. Sentí lo que ve Mauri todo el tiempo, no sólo entendí como antes, esa es la palabra lo SENTÍ, sentí su mundo, sentí porqué camina lento, sentí porqué se acerca todo, ahora sentí que no debo correr junto a él.

Aprendí mucho esta mañana y sobre todo sentí que para Mauri esto no es una actividad con un antifaz que se quita al rato, esto de ver así; esto es su vida.

Gracias a los papás de Mauri por traer esta experiencia de luz a mi vida; gracias por traer al mundo a un niño amoroso, alegre, bailador, entusiasmado por la vida y lo que lo rodea, gracias Mauri por el regalo de tu presencia en nuestras vidas, quedo profundamente agradecida con todos los involucrados en esta actividad, agradecida por el regalo que recibieron nuestros hijos y yo ese viernes 28 de octubre.

Termina mi aventura esa mañana de octubre y vuelvo a ser Gloria, mamá de Daniel, pero soy otra Gloria, no soy la misma Gloria que llegó al salón, en mi corazón seré por siempre Gloria, la amiga de Mauri de 3°A.

Concluyo mi experiencia compartiendo un fragmento del mensaje que Liz mamá de Mauricio nos compartió en el grupo y me atrevo a citar “Llena mi corazón de emoción, alegría, alivio, confort, felicidad y satisfacción saber que junto con otras mamis logramos llegar hasta sus corazones a través de sus niños, pero sobre todo que logramos entender lo que es la inclusión e integración de personas iguales a nosotros, solo que con capacidades y necesidades diferentes.”