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Conservar las tradiciones requiere de un sentido profundo de identidad. La identidad se va construyendo a lo largo de la vida, pero es la infancia el terreno más fértil para ello.  

La Pastorela Mexicana en Formus tiene un transfondo lleno de luces, de alegría, de historia, de emociones, de narrativas humanas que nos invitan siempre a la reflexión. Para su puesta en escena han sido necesarias horas llenas de canto, de entonación, de disponer y abrir el corazón, de entender los conceptos y las palabras, de apropiarse de una postura corporal, de expresarse a través de ella con gestos y movimientos, de vivir y convivir para crear memorias plenas del gozo de la niñez.

Las voces infantiles entonando bellos coros recuperan para nosotros una Navidad que comparte en familia, en comunidad, el humor, los anhelos y celebra en torno a ellos: la fraternidad, la diversidad, el triunfo del bien sobre el mal, el nacimiento de una humanidad que cuida y valora a las personas y a la naturaleza, en temas que van acompañando de cerca a la historia principal del nacimiento del niño Dios. 

Es una delicia ver esas postales Navideñas llenas de color, de júbilo, de las caritas hermosas de todos los niños y niñas de primaria menor, que con mucho gusto nos presentan un pedacito de México hecho tradición, que será en ellos con seguridad, un bello recuerdo de su infancia.

La Pastorela Mexicana Formus es una oportunidad para expresar desde el corazón, a través del canto, del arte, del teatro, nuestros mejores deseos para estas fiestas.

 

Por: Graciela Garza

Por: Alma López González , mamá de Carolina, Sofía y Andrea García López

He sido bendecida con las experiencias de inclusión de las que directa o indirectamente he sido parte.

Hace 15 años tomé la decisión de inscribir a mi hija mayor, Carolina, en el jardín de niños del colegio FORMUS, tomé esta decisión basada en la recomendación de familiares y al llegar ahí supe que había sido la correcta.

Carolina conoció a Cordelia el primer día de clases de primero de jardín, muy pronto, como es normal, mi hija empezó a hablar de sus amigos preferidos del salón, entre ellos siempre estuvo Cordelia, ella era alumna en un grupo de 25 niños aproximadamente, Corde tuvo complicaciones al nacer lo que le causó parálisis cerebral, sin afectar su intelecto. Corde no puede hablar con facilidad tiene complicaciones motoras fuertes y durante la mayor parte de su vida ha estado en su silla de ruedas. El día que la conocí no podía comprender como mi hija entendía lo que Corde decía. 

 

Por: Úrsula Werren de Bolaños    

Hace dos semanas les conté que en la escuela donde colaboro tenemos, adultos y niños, la oportunidad el observar, cada día con creciente admiración, una mamá colibrí entregada a la tarea de criar a sus dos polluelos. Un verdadero milagro de la naturaleza. Y como el nido -más bien el nidito- está a un poco más de un metro de distancia del barandal, balanceándose junto con la frágil ramita a la cual parece integrada, ha sido fácil de contemplar día a día el desarrollo de los colibríes que ha ido de la total dependencia a una cada vez mayor independencia. Ayer las crías ya estaban practicando el batir de alas a alta velocidad. Hoy que regrese a la escuela no sé si las encontraré ahí o si el nido será ya el bello recuerdo de un proceso admirable.

Y justo ayer pasearon los grupos del tercer grado de Jardín de Niños por las instalaciones de la Primaria para conocer los salones, la biblioteca, a la borrega con su hija, los baños -que en la primaria están fuera de los salones- la sala de computación. Estaban reconociendo el nuevo espacio que ocuparán al regreso de vacaciones.

En uno de los jardines de FORMUS, que está a un costado de las aulas de 5to de primaria, entre las voces, los pasos, la energía y la alegría de nuestros alumnos y alumnas, y de todos quienes podemos observar lo extraordinario, ha anidado una colibrí, que con su presencia nos llena de gozo y admiración. Les compartimos un texto y fotografías, inspiradas en la presencia de esta pequeña ave y como agradecimiento por lo que con gratuidad nos regala.
 
 

Huitsitsili

La pequeña colibrí, a quien he nombrado Huitsitsili (del maya, colibrí) tiene su nido en un reino mágico.  Rodeada de árboles y generosos arbustos de diversas formas y colores, encontró una ramita y ahí construyó su hogar. Dentro del pequeño nido se observan dos huevecillos, inmóviles en apariencia, a la espera de una nueva forma de existir y en completa ebullición de vida.